Jesús les dijo:
Tengan fe en Dios.
Cuando pidan en su oración,
crean que ya lo han recibido.
Mc 11, 24
La Oración y el Servicio son alma del Escultismo
Orar es hablar con Dios como quien habla con un amigo.
Es cierto; la oración es un diálogo cordial, afectuoso, entre dos grandes amigos: Dios y cada uno de nosotros. Nuestro Gran Jefe Jesús, quien pasó haciendo el bien, nos enseñó que debemos orar siempre sin desfallecer, y que la única condición es la de confiar sin más, en que nuestro Padre Dios siempre responde a nuestras necesidades, fundamentalmente porque somos sus hijos más pequeños.
El escultismo es un Gran Juego, y mientras convivimos jugando, formamos el corazón en la escuela del servicio al prójimo, y soñamos con dejar este mundo mejor de como lo encontramos (B-P). Para lograrlo, los scouts no tenemos todos los medios a nuestro alcance, pero contamos con lo esencial: nuestras manos.
Manos para orar. El amor es la llama de la oración, y cuando llevamos nuestras manos al corazón y las elevamos al cielo, perseverando en la oración en nombre de Jesús, no dudemos de que Dios nos concede las gracias materiales y espirituales que necesitamos.
Manos para servir. La oración bien hecha siempre baja a las manos, y con el lenguaje universal del servicio, busca agradar a Dios y a los hermanos. Sabemos que es imposible agradar a Dios si no lo reconocemos en el rostro de los que sufren, de los pobres, de los chicos marginados que no conocen a Jesús.
La oración y el servicio no son especialidades, sino actitudes nobles del corazón, las que no pueden faltar en quienes se han lanzado a la maravillosa aventura del escultismo. Son tan importantes como el agua y el aire en el campamento de la vida.
Al fin y al cabo, cuando el Señor venga a nuestras vidas nos mirará las manos, y será su gozo reconocer las huellas de su amor que dejaron la oración y el servicio; manos tantas veces abiertas para dar al que lo necesitaba sin discriminar, para ayudar al más débil sin medir el sacrificio, para buscar la amistad sin cálculos; manos que trabajan por el pan, la paz, la justicia, la unidad...; sí, manos entrelazadas en torno al fogón, para ver subir las llamas que calientan nuestras almas e invitan a dar gracias por el don de la hermandad scout. Entonces, Jesús mismo unirá nuevamente nuestras manos sobre su Corazón Santo para que percibamos el infinito amor que tiene reservado a sus amigos.
Para que nuestra oración llegue segura al cielo, viene en nuestra ayuda la Virgen María, para nosotros Nuestra Señora de los Scouts, quien nos enseña a abandonarnos confiados a la voluntad de Dios.
+Mario Aurelio Poli, 2007