
Conferencia
Internacional Católica de Escultismo
FE EN CRISTO:
La luz que ilumina nuestro peregrinaje
Lord Baden-Powell una vez dijo "Descuidar el caminar, es decir,
viajar aventureramente, es descuidar un deber con Dios. Dios nos
ha dado cuerpos, mentes y almas individuales para que se
desarrollen en un mundo lleno de bellezas y maravillas."
T.S. Enero de 1952
El escultismo implica escalar montañas y subir colinas; cruzar ríos y arroyos; enfrentarse al tiempo, al cansancio y a circunstancias inesperadas y desafíos. A veces puede parecer que las dificultades son insuperables, las privaciones intolerables. Sin embargo, ocurre con frecuencia que las mayores privaciones en la vida se convierten en nuestras mayores oportunidades de crecimiento.
Tenemos que darnos cuenta de que no estamos solos – nos tenemos los unos a los otros y tenemos la permanente presencia y ayuda de nuestro Dios que nos guía y nos da fuerzas. En Romanos (8:38-39) podemos leer:
Porque persuadido estoy
que ni la mente, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni el
presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni
ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo
Jesús, nuestro Señor.
Nada puede separarnos de Su amor si nos llega a través de Jesús. Como católicos y scouts, nos preparamos para celebrar el 2000 aniversario de Su Nacimiento. El nos invita a confiar en él y a darnos cuenta de que caminamos con él.
Hace poco leí lo que se llama "el efecto cero". Los historiadores han señalado que algunas personas se vuelven ansiosas cuando se acercan años que terminan en cero, tales como 1970 o 1990. Tal vez los años terminados en cero son temidos porque sugieren el fin de una era y el comienzo de otra era desconocida. En todo caso, cuantos más ceros, más ansiedad. De modo que aumenta la tensión al final de una década; muchomás al final de un siglo; y la tensión llega al máximo al final de un milenio.
El final de un milenio se percibe, a veces, como un tiempo de amenaza. Es corriente hablar del fin del mundo, especialmente cuando el año tiene más de un cero. Los historiadores han registrado que cuando terminó el primer milenio de la era cristiana, muchas personas se volvieron histéricas. Estaban convencidas que Cristo regresaría para juzgar al mundo al dar las doce campanadas del 1ero. de enero del año 1000.
Ahora, está terminando el segundo milenio, se aproxima un año extraordinario con "tres ceros". Las predicciones del juicio final vuelven a resurgir. Algunos cristianos hablan de vivir los últimos días. Otros hablan de apariciones marianas insinuando que se acerca el final. Incluso en algunos círculos no cristianos, la especulación sobre el fin del mundo ha sido alimentada por las predicciones de diversas fuentes tales como la piedra del antiguo calendario maya, el escritor Nostradamus del siglo XVI, el psíquico Edgar Cayce del siglo XX, y los supuestos contactos recientes con extraterrestres seguidores del Cometa Hail Bop.
Hay una voz más calma, más optimista que nos llama a concentrarnos en el año 2000. La Iglesia percibe el milenio como un tiempo importante, pero no en el sentido corriente del término.
Escuchemos la palabra del Evangelio; no sabemos ni el día ni la hora, pero la Iglesia considera el milenio como un tiempo de satisfacción. Mientras unos exclaman: "Arrepiéntete, el fin está cerca", el Papa Juan Pablo II declara: "Arrepiéntete, ¡ha llegado un nuevo comienzo!" Mientras unos se preparan para el juicio final, el Sumo Pontífice llama a la Iglesia y a todo el mundo a prepararse para el tercer milenio con la esperanza ardiente de que Dios el Padre, a través de Cristo y Su Espíritu, todavía está trabajando para renovar Su creación amada. El año 2000 es, en realidad, una puerta de la gracia divina. Si cruzamos este "umbral de esperanza" en el propósito de Dios, podemos tomar parte en una "nueva primavera" que anuncia nuestra transformación, nuestra Iglesia, nuestras naciones, y todo nuestro planeta. (Véase ¡Celebrad el año 2000!, arreglo de Paul Thigpen).
Cristo: La luz de gracia en nuestro peregrinaje
"He llegado para que tengan vida y la tengan en abundancia". (Juan 10:10b)
¡Cuán precioso es el don de la vida! En nuestro viaje del escultismo llegamos a profundizar en el entendimiento y apreciación de su importancia. Cuán necesario es respetarlo en todas sus formas. Damos tantas cosas por sentadas: el aire que respiramos, el agua que bebemos, la salud que disfrutamos, la belleza de la tierra. Dios nos da la vida que disfrutamos y nos da la oportunidad de crecer, de lograr, de encontrar la alegría y la felicidad. A través de Jesús, Dios nos da la máxima oportunidad – el camino a la vida eterna- la vida con Dios y con cada uno de nosotros para siempre.
En respuesta a los temas urgentes de la vida diaria sobre la identidad, la dirección y la satisfacción, Juan Pablo II escribió su carta apostólica Tertio Millennio Adveniente (TMA –"Mientras se aproxima el tercer milenio"). La respuesta cristiana a estos temas es Jesucristo: ayer, hoy y siempre. En Navidad proclamamos que en la plenitud de los tiempos nació Jesús y que en Cristo se encuentra la plenitud de la eternidad. Nuestros tiempos han estado marcados y redimidos por su nacimiento.
"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..." (Juan :14)
Este descenso genuino del Verbo Eterno a la existencia humana es un hecho redentor. Jesucristo es Dios y es, sin duda, uno de nosotros. La identidad de la verdadera humanidad y verdadera divinidad en Jesucristo desencadena todo el drama de la redención. En Jesucristo Dios ha ingresado en nuestra historia en forma dramática. La humanidad fue creada, al principio, a la imagen de Dios; pero, a través del pecado de Adán, la humanidad se desfiguró y perdió su camino. En la persona del nuevo Adán, que reúne lo no creado y lo creado, la imagen de Dios se restablece. No solo la humanidad tiene una dignidad renovada, sino que en Jesucristo y a través de El hay una profunda unidad con cada ser humano.
Jesucristo es la fuente de reconciliación y solidaridad entre los pueblos. La buena noticia es que por este descenso del Verbo en nuestro mundo, por el amor misericordioso y abrazador de Jesús y por la parábola de la cruz, no hay un ser humano que no sea afectado. Cada persona tiene un valor incalculable, cada uno es precioso, cada uno está unido en la bondad redentora de Dios.
Baden-Powell dijo: "Dios nos ha dado el mundo para vivir en sus bellezas y maravillas y El nos ha dado no solamente ojos para verlo sino una mente para entenderlo y nosotros solo tenemos que mirarlo en esa luz."
Ultimo mensaje a las Guías
Al caminar, ¿han visto alguna vez a un águila en el camino? Podemos aprender de las águilas y de tantas cosas en la naturaleza.
Un día un pescador observó a un águila hembra que dejaba caer a su pichón al sobrevolar un cañón. El pichón caía como plomada y trataba de aletear. Parecía que se despeñaba hacia la muerte contra las rocas profundas cuando, desde el cielo, apareció el águila macho y lo agarró en su ancho lomo. Voló muy alto y lo dejó caer nuevamente. Esta vez fue la madre que lo agarró en su lomo. La rutina se repitió hasta que el pichón aprendió a volar.
Dios nos da la oportunidad de probar nuestras alas para que podamos aprender a volar solos. Por cierto, la experiencia del escultismo es una de esas oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
Como Capellanes y Animadores de la Fe, sabemos que la educación del escultismo es un ministerio cercano al corazón de la iglesia.
En su carta apostólica, Juan Pablo se refiere al misterio de Cristo como maestro. Jesús es la expresión más completa de la enseñanza divina: "En Cristo esta pedagogía alcanza su meta: El no se limita a hablar 'en nombre de Dios' como los profetas, sino que es Dios quien habla en su Verbo eterno hecho carne" (TMA6). Para los cristianos, Jesús es el Misterio de Dios con un rostro humano mirando a la humanidad. Para Juan Pablo II, esta cara humana revela el deseo de Dios de llegar a la historia humana y arrojar luz en el viaje de regreso al Arbol de la Vida: "... Aquí no es solo el hombre quien busca a Dios sino que es Dios quien viene en Persona a hablar de sí al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo" (TMA 6).
La metáfora del camino sugiere la posibilidad real de caminos ciegos, caminos falsos, piedras sueltas en el camino. En nuestra tercera plegaria eucarística hablamos de la "iglesia peregrina en la tierra", subrayando de esta manera nuestro viaje conjunto por el camino iluminado por Cristo como maestro. La pregunta que nos habla al corazón es la siguiente: ¿Cómo yo, como scout católico y como scout, sigo al Señor? Y, ¿en qué clase de persona me convertirá el seguir al Señor?
Estas importantes preguntas revelan nuestra necesidad de que Cristo nos enseñe y nos muestre su camino, nos lleve hacia el misterio de su gracia. El anhelo universal del corazón humano por satisfacción impulsa a cada uno a seguir el peregrinaje, nuestro camino hacia la Eternidad. Este viaje, sin embargo, conlleva el riesgo de convertirse en un deambular sin sentido, sin un objetivo. Y sin un objetivo, la imagen del "peregrino" no tiene sentido. Un peregrino se mueve hacia un objetivo, un destino. Este destino hace que el viaje tenga sentido. Además, un destino brinda esperanzas cuando el viaje se torna difícil, procura la caridad y compasión de los otros peregrinos y, lo que es más importante, llama a reflexionar sobre las elecciones realizadas a lo largo del camino. Hay que admitir que esta descripción del viaje del peregrino es aplicable a muchas religiones del mundo. ¿Por qué el Cristianismo es único? Una respuesta a esta interrogante es que la revelación de Dios en Jesucristo en el poder del Espíritu Santo hace que el viaje humano sea inteligible de forma singular:
"En Cristo la religión ya no es un 'buscar a Dios a tientas' (Ver Hechos 17:27), sino una respuesta de fe a Dios que se revela: respuesta en la que el hombre habla a Dios como su Creador y Padre; respuesta hecha posible por aquel Hombre único que es al mismo tiempo el Verbo consustancial al Padre, en quien Dios habla a cada hombre y cada hombre es capacitado para responder a Dios"
(TMA 6).
En Jesucristo, Dios establece un diálogo en el cual "responde a Dios la creación entera" y en el cual "Dios en Cristo habla de sí a la humanidad y toda la humanidad entera y toda la creación hablan de a Dios, es más, se donan a Dios" (TMA 6). Igualmente, Dios habla a la humanidad, y lo que es más maravilloso, Dios busca al hombre. En los senderos oscuros y ciegos del peregrino, el Señor, el pastor busca a la oveja perdida (TMA 7). De modo que, en el Cristo Resucitado, en quien vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser, nuestro peregrinaje toma forma. Nuestra respuesta en la fe de la revelación de Cristo Jesús da forma a nuestro peregrinaje.
En el escultismo católico, se han desarrollado maravillosos programas y estructuras para satisfacer las necesidades de educación religiosa de los pueblos de Dios en su viaje hacia y con el Señor. Sin importar la forma del proceso, el propósito sigue siendo el mismo: la vida en Cristo.
Toda la educación religiosa, las celebraciones sacramentales, los programas del escultismo religioso, comparten esto en común: procuran ayudar a los scouts a discernir e interpretar la revelación permanente de Dios en sus vidas a través de la interacción con toda la creación.
La vida de Jesús nos brinda esta percepción. Mientras Jesús fue alguien que llevó una vida espiritual de profunda reflexión, su devoción tuvo una cara humana. Sus convicciones se manifestaron en la comunidad y fueron experimentadas por otros como dones de amor. Mientras el Evangelio con frecuencia habla de que Jesús está solo orando, con mayor frecuencia aún Jesús se ocupa de los otros, enseña sobre Dios, llega hasta aquellos que lo siguen y los ayuda. Jesús es claramente un devoto, y su viaje interior lo lleva a involucrarse en la comunidad y a presentarse a los otros en formas útiles y generosas. De hecho, Jesús nos enseña a vivir el juramento y lema scout.
El ejemplo de Jesús debe ser lo que nos esforcemos por aprender. La oración personal es un componente esencial de la vida del scout católico. Los permanentes esfuerzos por aprender más sobre nuestro mundo y nuestra fe son signos saludables de crecimiento. Pero, solo si nuestra enseñanza y nuestras oraciones se muestran como dones a la comunidad, es posible lograr nuestros objetivos.
Al planear los desafíos de la educación religiosa para los scouts en el próximo siglo, es importante concentrar nuestros esfuerzos en la naturaleza perdurable del viaje. Nuestros recursos estarían mejor aprovechados si ese anhelo nos brindara un apoyo diverso, flexible y permanente a los scouts católicos y a los scouts en todas las etapas del viaje de la vida. Los scouts, los líderes y las unidades scouts – todos aspiran al desarrollo de una alta calidad de vida cristiana y se refieren a nosotros para guiarlos y alimentar su fe.
En el Evangelio de Juan leemos lo siguiente:
"Yo no les diré
servidores porque el servidor no sabe lo que hace su patrón. Les digo amigos
porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me
escogieron a mí, soy yo quien los escogió a Ustedes. Yo les he puesto para que
vayan y produzcan fruto y ese fruto permanezca y quiero que todo lo que pidan al
padre en mi nombre, El se los dé." (15:15-16)
Una maestra de jardinera le preguntó a su clase: "¿Qué es un amigo?" y un niño le respondió: "Un amigo es alguien que nos conoce y que aún así nos quiere". Si este niño tiene razón, entonces "¡Qué amigo tenemos en Jesús!"
Jesús conoce nuestros pecados secretos más íntimos e igual nos ama. Cuando oró en la cruz, "Padre perdónalos ..." estaba orando también por todos nosotros. "La sangre de Jesús, Su Hijo, nos limpia de todo pecado." Jesús nos promete una vida eterna con El. Es un verdadero amigo.
Cristo también nos da amigos en el camino. Son los dones de Dios y a través de ellos, Dios busca cuidarnos y amarnos. No son perfectos, pero como nosotros, a través de la muerte de Cristo y la resurrección, viven en el perdón. Le agradecemos a Dios por los buenos amigos.
Joseph Cardinal Bemardin, obispo de mi orden ya fallecido, en su libro Llamado a Ser Católico, nos presentó este desafío a nosotros como cristianos frente a un nuevo milenio: "Jesucristo, presente en las Escrituras y los sacramentos, es central en todo lo que hacemos; siempre debe ser la medida y no lo que se mide."
La elección divina de Dios de hablarnos, de volver la cara humana de Jesús hacia nosotros, revela el deseo de Dios de ir "en busca del hombre, creado a su imagen y semejanza" porque "El nos ama eternamente en el Verbo y en Cristo nos quiere elevar a la dignidad de hijo adoptivo" (TMA 7).
El poder de su amor nos acerca a ser sus discípulos. Encontrar a Jesús es encontrar la invitación a la vida eterna. Encontrar a Jesús es encontrar el deseo de nuestro Creador Divino a amarnos en la eternidad. Dios como Amor – Deseo – Amar nos acerca a su corazón a medida que se aproxima el final de viaje, el lugar vital de la comunión eterna.
Baden-Powell nos dijo: "Un scout es activo en hacer el bien, no pasivo siendo bueno". RTS 2 - y SFB, WB, 250
Como scouts, sabemos que los actos que elegimos dan forma a nuestro carácter y, de igual modo, nuestro carácter da forma a los actos que contemplamos y actualizamos. El objetivo idealmente es formar el carácter que las acciones que surgen espontáneamente de ese carácter manifiestan el sello del corazón amante del Divino – el fin forma cada paso del peregrinaje. Se escuchan los ecos del llamado de San Pablo para ponernos en la mente de Cristo.
El desafío viene a formar el carácter de cada uno para guiar las elecciones que se encuentran a lo largo del camino.
Jesús es el camino, la verdad y la vida. Como Marta, nos paramos en el camino polvoriento a Betania, doliente con la mortalidad de nosotros y nuestros seres queridos, y oímos a Jesús que nos dice que él es "el camino, la verdad y la vida." En esta proclamación de fe de que Dios Todopoderoso en Cristo Jesús nos ama en la eternidad se basa nuestra celebración del Jubileo, entonces nos sometemos a la disciplina de seguir al Señor y sabemos que nuestro viaje termina unidos en el corazón de la Trinidad.
Padre John Fischer
CICE – América
Seminario Regional, Octubre 1997 – San Pablo, Brasil