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Despertó
el espíritu misional de la cristiandad. Decía el jesuita Araoz que
Javier no hacía menos fruto en España y Portugal con sus
cartas, que en las Indias con su predicación. Sus cartas maravillosas
se copiaban y enviaban por todas partes. San Ignacio las multiplicaba.
Juan II de Portugal, el rey misionero, quería que se leyeran en todos
los púlpitos. Suscitaban vocaciones misioneras en todos las
universidades. Que el ejemplo de su vida siga suscitándolas. Se
firmaba Francisco de Xabier; aunque sus apellidos eran Jaso y
Azpilcueta. Era un joven navarro, de familia noble, que estudiaba en
la universidad de París. Francisco inteligente y abierto tenía un
proyecto de futuro muy claro; devolver el esplendor a su familia,
empobrecida y humillada y derrotada por la guerra. Ya estaba al final
de sus estudios, con un proyecto de vida bien planeado, cuando, en París,
Ignacio de Loyola se cruzó en su camino. Ignacio
era un tipo raro. Sin embargo había algo en él que atraía a
Francisco. Una frase del Evangelio, que Ignacio solía repetir,
irrumpió en su corazón: "¿De
qué te sirve ganar todo el mundo, todos los honores y riquezas si
luego pierdes tu alma?" Aquel
"joven con futuro" descubrió que sus proyectos ya no tenían
sentido. El amor de Cristo llenó su corazón y Javier abandonó sus
sueños de gloria para "encontrar y servir a Dios donde Dios
quiere ser encontrado y servido". Se puso en camino. Y años
más tarde desde la nave que le conducía a India, Francisco escribiría: "¡
Qué descanso vivir muriendo cada día, por ir contra nuestro propio
querer, buscando no los propios intereses sino los de
Jesucristo!" |
CRONOLOGÍA DE SAN FRANCISCO JAVIER